Óscar Portilla:


Si alguien quiere averiguar de la violencia en los estadios se va a encontrar con paredes y murallas que impiden tener datos reales sobre como actúan, que los mueve y quienes apoyan a los líderes de las barras organizadas. La gente se cuida al hablar del tema, unos porque tienen temores lógicos a las represalias, otros porque tienen rabo de paja. Sin embargo, he podido conversar con ex integrantes de barras bravas que me han contado detalles precisos de la manera de operar de estos grupos que me llevan a pensar que la violencia en los estadios ecuatorianos es más complicada de lo que parece.

 

Para empezar, hay varios de las barras bravas que se han ido a prepara a Argentina, con las mas violentas agrupaciones de los equipos de ese país para prender los detalles del negocio de la violencia.

 

En esta violencia hay involucrados dirigentes, políticos y hasta jugadores o entrenadores que les dan dinero  cambio de protección. En Ecuador se habla de un ex futbolista extranjero que se quedó a vivir acá y que fue el iniciador en pagarles y fomentar las barras bravas.

 

Los muertos en nuestro país por peleas de barras bravas no son exactos, pero con seguridad son decenas de víctimas. Los únicos casos en el país son: la muerte del niño Calos Cedeño hincha de Emelec, David Erazo hincha de El Nacional, Cristian Calvache hincha de Liga. En todos estos casos la policía nacional se responsabilizó de llegar hasta las últimas consecuencias. La realidad hoy nos dice que nadie ha sido sentenciado por responsabilidad en ninguno de estos casos.

 

Me da pavor pensar en la cantidad de heridos y muertos por la violencia del fútbol en Ecuador, pero siento una mezcla de indignación y terror cuando no encuentro responsables juzgados por estos hechos atroces. No sé que es peor, si la violencia o la impunidad y eso me obliga o no declinar en la lucha permanente para llamar la atención de los buenos ciudadanos  y las autoridades para combatir a los asesinos enfermos, que siendo pocos, nos están poniendo en jaque de manera permanente.

 

El guachas, el rigo, el pescado, el fundas entre otros son los apodos de los hinchas más violentos en las barras de Quito. Adictos al sosegón, alcohol, marihuana, cocaína entre otras drogas, empiezan a labrar su carrera delictiva  presumiendo tener hasta más de tres muertos en algunos de los casos.

 

Ex integrantes de estas barras me cuentan que los más peligrosos son los jóvenes, casi niños que con puñal en mano y la locura en la cabeza son capaces  de la riñas mas audaces, atemorizan hasta los barras bravas mas veteranos. No tiene temor ni freno para apuñalar a cualquiera para demostrar que son dignos de tomar en cuenta en los ascensos para “capos” de barras.

 

Que se preparan las emboscadas no solamente cuando hay fútbol. Que tienen varios líderes, mismos que pelean por el control que les da poder. Que disfrutan con la violencia y la sangre porque  son enfermos, y que hasta brujos hay dentro de alguna de las barras organizadas.

 

Por estos días noto un compromiso mayor en los estamentos del gobierno por controlar la violencia en los estadios, ese compromiso nos da una esperanza para creer  que podemos salvar al fútbol, para que siga siendo un espectáculo familiar. En eso seguimos comprometidos, cuidemos a los jóvenes de nuestro entorno, a nuestros hijos, varios estamos comprometidos con esta responsabilidad, usted lo esta?