
- Toni Canyameras
Periodista - Toronto (Canadá)
Actualizado el 01/07/2026 08:48 CEST
En una pequeña pero coqueta y acogedora pastelería las tentadoras natas típicas portuguesas ponen el sabor y enfrente el montón de gorras de Portugal y camisetas de Cristiano Ronaldo igualmente a la venta ponen el color mientras alrededor se ven de tanto en tanto coches con la bandera del país al viento.
No es Portugal, sino Toronto, la otra capital de Portugal, ciudad del mundo con más portugueses fuera de las fronteras del país, más de 200.000 que en su inmensa mayoría vinieron a buscarse la vida. Como Joe Da Silva, el dicharachero dueño de la pastelería que alegra el día cada mañana con sus enérgicos “buenos días”, incluso en esos grises días del melancólico invierno de Toronto. Tiene 58 años y ya lleva 36 en Canadá, pero conserva ese genuino y dulce acento portugués en su inglés.
“Me vine a Toronto con 22 años y acababa de hacer el servicio militar”, cuenta Joe. “Había sido profesor de música en Portugal tres años y vine a Canadá con un grupo de música para tocar en Toronto. Conocí a mi mujer, me enamoré y ya me quedé”, explica Da Silva, quien acabó encontrando una mejor manera de ganarse la vida abriendo su pastelería junto a una pollería, The Portuguese Bake Shop y The Portuguese Chicken House.
Joe Da Silva, un portugués que estará muy involucrado para animar a CR7 y compañíaToni CanyamerasY Joe, que pone los partidos de Portugal en el Mundial en su pastelería, no es ajeno al sarao que se va montar en Toronto con el partido de dieciseisavos de final de la selección lusa el jueves ante Croacia. Tampoco lo es el propio Cristiano Ronaldo, quien, consciente del derroche de pasión que estallará en Toronto, enviaba ayer un mensaje a esa pequeña Portugal que es la ciudad canadiense.
“No puedo poner en palabras lo que significa tener a la selección portuguesa aquí”, reconoce con esa típica mirada al tendido de emoción Joe, también vicepresidente de la Asamblea General de Casa da Madeira, uno de los centros de la comunidad portuguesa en Toronto y que guarda unos cuantos obsequios personales de Cristiano Ronaldo como oro en paño.
“Tenemos un par de botas y una camiseta que Cristiano usó en un partido amistoso contra Rusia y que él envió a la Casa de Madeira. Están algo sucias, no lo hemos limpiado, se quedan de la manera que están porque son las botas oficiales y la camiseta que Cristiano utilizó en ese amistoso entre Portugal y Rusia”, explica, orgulloso, Joe da Silva, al frente de una muy cálida bienvenida a los Cristiano y compañía.
“Estamos entusiasmados de ir a ver el entrenamiento de la selección aquí en Centennial Park (a 5 kilómetros de la pastelería). Estoy organizando un grupo de gente para ir a animar a la selección, creo que vamos a ser miles y miles”, cuenta Joe, quien ha logrado averiguar antes de que la FIFA anunciara nada -ni siquiera en la aplicación para medios-, la hora a la que llega Portugal a Toronto y cuándo entrenará. Los fans lusos necesitan dar su mejor lesión pues -aunque no tantos-, también hay muchos croatas por la ciudad canadiense y su área metropolitana con unos 100.000.
La pastelería de Joe Da Silva vende camisetas de CristianoToni CanyamerasAsí que Joe también se trae otro jaleo entre manos para estar seguro que la seleção se siente arropada, incluso desde fuera del Toronto Stadium.
“También vamos a organizar una fiesta en la azotea del nuevo local de la pastelería. De hecho, se puede ver la CN Tower de fondo. Vamos a vibrar animando a Portugal, ¡vamos a hacer tanto ruido que nos podrán oír desde el estadio!”, bromea con su habitual tono desenfadado Joe, quien, eso sí, reconoce sentirse decepcionado con el desorbitado precio de las entradas.
“Yo soy socio del Toronto FC pero mi asiento en el estadio cuesta 7.000 dólares canadienses (4.300 euros)”, lamenta el portugués. “Estoy decepcionado con el precio de los partidos, deberían ser más bajos, estoy decepcionado con que nuestra ciudad no negociara precios para los residentes”, añade Joe Da Silva, que saca su móvil para enseñar lo que cuesta un asiento en primera fila: 13.000 euros. El Toronto Stadium es el estadio del Mundial con una capacidad más baja con 43.000 espectadores.
Sarah y Leticia, dos portuguesas que estarán apoyando a Portugal el juevesToni CanyamerasMientras Da Silva dirige la fiesta para ver el partido -watch parties que le llaman en América-, Leticia y Sarah servirán cafés, dulces y bocadillos durante el partido vestidas con la camiseta de Portugal, innegociable de llevar los días que juega la selección lusa.
“Vine de Portugal a los 11 años y ya llevo 14”, explica Leticia. “En Portugal la educación es mala y no puedes encontrar trabajo por ninguna parte, por eso vinimos con mis padres. Mi madre es manager en un restaurante y mi padre trabaja en construcción”, cuenta Leticia, que explica lo que distingue a un portugués, especialmente en una América del Norte donde la cultura es tan diferente.
“Los portugueses hablamos alto, hacemos ruido. Sabemos cómo hacer fiestas, cómo beber, cómo cocinar, somos también muy trabajadores. ¡Por cada gol que marque Portugal el jueves, un chupito!”, dice emocionada esta portuguesa de las Azores, compartiendo con Cristiano, de Madeira, su orgullo isleño.
Como tantos portugueses, la compañera de Leticia, Sarah, adora a Cristiano Ronaldo.
“Trabaja duro y es apasionado con lo que hace. Disfruta y representa a Portugal con orgullo, ama a su país y a pesar de los altibajos siempre llega a donde quiere”, dice Sarah, de 20 años y 12 en Toronto, a donde llegó desde Braga con 8 porque su padre, militar entonces, quería buscar nuevas oportunidades.
Cristiano podría ser rival de España en octavosKaren Warren / Ap-LaPresseEmiliano Bairos, vecino de la zona, es ya mucho más canadiense que portugués pues llegó al país con apenas 3 años. No va a ir al estadio y ni siquiera va a ver el partido pues no le importa el fútbol, pero Cristiano Ronaldo se ha ganado incluso la admiración en portugueses indiferentes al balompié como él por lo que hace fuera del campo.
“Me da igual lo que haga Portugal, pero Cristiano ayuda mucho a la gente y de maneras que no se saben porque a él no le gusta exponerlo en las redes sociales. Eso es lo que de verdad importa”, señala.
Todo será cariño y afecto a CR7 en una Toronto, de la que, eso sí, la leyenda se puede llevar un recuerdo de lo más infausto como reconoce Joe Da Silva mientras se mira su camiseta con el ‘7’.
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Toni Canyameras“Podría ser su último con Portugal, esperemos que no. Cristiano tiene un físico excelente a sus 41 años, pero, especialmente cuando llegas a una cierta edad, nuestro cuerpo no sigue nuestros pensamientos a veces y toca bajar el ritmo”, reconoce con cierto aire de resignación Joe, convencido de que CR7 puede alcanzar su causa y él y sus paisanos de Canadá pueden aportar su granito de arena en ella.
“Tenemos todos los ingredientes para ganar este Mundial. Lo que tenemos que hacer es estar seguros que trabajamos duro y marquemos la diferencia cuando jueguen aquí en Toronto”, concluye Joe Da Silva. Él, como tantos orgullosos lusos, velarán por que CR7 y Portugal sientan esa pasión portuguesa ante Croacia. Tan apasionados como Cristiano, en Toronto como en casa.
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