Los aficionados ya entraban andando al circuito a las 7.30 de la mañana, como si de una romería o hermandad religiosa se tratase. Pocos lugares hay que rindan culto a un piloto como Silverstone a Lewis Hamilton, al que ha visto ganar nueve veces en el circuito emblema de este deporte, el decano de todos ellos para la F1. Pero en la primera carrera del fin de semana, apareció un rutilante Kimi Antonelli, fuera de la victoria desde el GP de Mónaco, para romper las ilusiones del público y de Lewis y devolver las cosas a lo que parece que va a ser antes del parón del verano. Triunfo incontestable en el
Antonelli revienta la fiesta de Hamilton

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