Actualizado el 30/10/2026 07:00 CET
Hemos tenido una racha muy, muy mala”, me decía un amigo. Se refería al partido ante el PSG en París, a la derrota ante el Real Madrid en el Camp Nou y a que Lamine Yamal no se llevara el Balón de Oro.
El Barça ha probado estos días el sabor de la derrota, una posibilidad real en el deporte y en la vida, y de la que se aprende mucho. Además, los dos partidos pudieron acabar en empate.
Da la impresión de que el equipo no ha aprendido de temporadas pasadas. Con el marcador a favor, o incluso con un empate, delanteros, mediocampistas y laterales se vuelcan en busca de la victoria. Sin defensas y con todo el equipo en campo rival, los contraataques lo fulminan. Es un error repetido que deja en entredicho no tanto el esquema táctico del entrenador como su estrategia.
Un empate siempre vale más que una derrota, y a veces casi como una victoria. Imaginen un 2-2 en París y un 1-1 en el Camp Nou. La euforia que despiertan el buen juego y las rachas de victorias siempre ha convivido con momentos de frustración como el de esta semana. Perder en Liga es normal; perder en París, en la Champions, también. Todo está por hacer.
Toca bajar la adrenalina y seguir adelante. La euforia prematura es mala compañera en una temporada tan larga y con tantas competiciones. Entrenador y jugadores deberían haber mostrado más templanza en esos dos partidos, y estos errores deberían servir para no repetirlos. El problema es que se repiten cada año, y Hansi Flick debería tener remedios preparados.
El otro golpe de la semana ha sido ver como Lamine Yamal se quedaba sin el Balón de Oro, que fue a parar a las manos de Harry Kane. El inglés lo merece, por su humildad y, sumados sus goles, más aún.
Yo solo pensaba que, si no se lo daban a Kane, el beneficiado acabara siendo Kylian Mbappé. Y así hubiera sido de no ganar el inglés, era el segundo de la lista sin haber ganado nada de nada en dos años. No sé por qué, pero lo intuía.
Lamine Yamal es muy precoz y ha desarrollado una cierta altivez juvenil que no le conviene. No actúa con malicia, pero a veces su comportamiento es erróneo. Tiene todo para ganarse a la gente y en cada campo le abuchean. ¿Por qué? Debe corregir ciertos comportamientos. Merece un Balón de Oro y veremos si lo consigue; de momento, a los 19 años, ya tiene una Copa del Mundo. Un logro mucho mayor. Muchos balones de oro no han levantado la Copa Mundial.
Yo me quedo con el homenaje que France Football y su jurado han hecho al Barça y en especial a sus jugadoras. Increíbles todas ellas con premios y más premios, un orgullo para los barcelonistas.
Fue también admirable lo que dijo Lamine Yamal de Cubarsí, así como el discurso de Unai Simón, que recordó que lo que queda al final no son los goles ni las paradas ni los premios, sino la actitud. Leo Messi la tuvo, y por eso alcanzó la cima del fútbol mundial.
Efectivamente, Lamine Yamal debería fijarse en Cubarsí para llegar al máximo nivel. Tiene todas las ventajas a su favor; solo depende de que se lo proponga y de que sea prudente. Ese es, y será, su gran reto, mucho más que un Balón de Oro.
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