Francia ya está en cuartos. Por salvar un poco la cara a una Alemania masacrada por la crítica, aunque no les falte razón, han pasado marcando los mismos goles que los de Nagelsmann. Paraguay volvió a ser un muro infranqueable, con la ayuda esta vez de un árbitro que permitió en exceso la dureza de la Albirroja, hasta que marcó Mbappé de penalti. Pero la clave estuvo en el banquillo. Esta vez le tocó a Doué, que había perdido el puesto por Barcola. Entró en la segunda mitad para despertar a una Francia que empezaba a vivir las pesadillas de Alemania. Forzó el penalti y descolocó a la zaga albirroja. Es lo que tiene esta Francia, que un día es Dembélé, otro Olise y hoy el jugador del PSG.
Esto es cargarse el espectáculo<br>

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