
Actualizado el 11/10/2026 11:55 CEST
Jordi Canes tiene 37 años, es bioquímico y trabaja gestionando ensayos clínicos en cáncer de mama para hospitales de España y Europa. Durante buena parte de su vida deportiva, el fútbol fue su territorio natural, pero el trail running fue ganando espacio hasta convertirse en algo más que una afición. El nacimiento de sus hijos gemelos cambió sus rutinas, su tiempo disponible y también su manera de entender el deporte.
Para obligarse a seguir cuidándose, se planteó un reto sencillo de formular y exigente de cumplir: correr una prueba de trail cada mes durante un año. Lo consiguió. Por el camino descubrió nuevas distancias, recorrió Cataluña junto a un amigo, aprendió a escuchar tanto la cabeza como el cuerpo y confirmó que correr por la montaña puede ser también una forma de ordenar pensamientos, revisar el presente e imaginar el futuro.
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David Escamilla¿Cómo empieza todo?
Yo había jugado a fútbol prácticamente toda mi vida. Empecé desde pequeño y, a partir de los 16 años, jugué en el Poblenou. El running apareció casi por casualidad, cuando tenía unos 17. Un amigo de mi padre, que había estado vinculado al atletismo, me propuso participar en una carrera de unos diez kilómetros por Collserola. Yo no había preparado una carrera de ese tipo, pero físicamente estaba bien por el fútbol y acepté. Aquella primera experiencia me gustó mucho, aunque también me enseñó algo importante: estar en forma no significa estar preparado para correr. En las bajadas me encontraba bien, pero cuando llegó la subida entendí que, si quería mejorar tiempos y disfrutar de verdad, necesitaba un entrenamiento específico.
¿Aquel primer contacto ya fue con el trail?
Sí, curiosamente, mi primera carrera fue de montaña. Después, sin embargo, durante bastante tiempo hice sobre todo carreras de asfalto. Continuaba jugando a fútbol, primero de manera más competitiva y después en ligas con amigos, mientras estudiaba y trabajaba. De vez en cuando miraba calendarios de carreras y me apuntaba a alguna. Hice pruebas populares en Barcelona y fui manteniendo el running como una afición paralela. El trail había quedado ahí, como una experiencia que me había gustado, pero todavía no era el centro de mi actividad deportiva.
¿Cuándo vuelve la montaña y empieza a ocupar ese lugar central?
Mucho más adelante, alrededor de los 32 o 33 años. Un compañero de fútbol, vasco y muy aficionado al trail, me hablaba constantemente de las carreras que hacía. Él estaba en otro nivel, con pruebas muy exigentes, pero un día me animó a acompañarlo a una más corta, de unos once kilómetros. Ahí volví a conectar con aquello que había sentido tantos años antes. Empecé a buscar carreras específicas de montaña y descubrí que el ambiente era diferente: normalmente menos gente, otro ritmo, otro tipo de esfuerzo y una relación mucho más directa con el entorno. Poco a poco fui pensando también que el fútbol no podía durar eternamente y que necesitaba encontrar una actividad que pudiera acompañarme durante muchos más años.
Jordi Canes empezó en el trail running a los 32 años y le sirve como forma de regular su salud mental y físicaPropiasY entonces llegan sus hijos gemelos.
Sí, y ahí cambia todo. Ser padre ya transforma completamente la organización diaria, pero cuando llegan dos niños a la vez, el cambio es enorme. De repente tienes menos tiempo, duermes de otra manera, las prioridades se reorganizan y la actividad física puede quedar fácilmente relegada. A mí me ocurrió. Vi que estaba haciendo mucho menos deporte y necesitaba encontrar una forma de obligarme a reservar un espacio para mí sin dejar de cumplir con mis responsabilidades familiares. De ahí nació el reto de correr una carrera de trail cada mes durante un año. No era solo deportivo. Era una manera de marcarme doce citas que me obligaran a entrenar y a mantener cierta continuidad.
¿Cómo empieza ese reto?
Con una carrera muy corta, de unos cinco kilómetros, porque en aquel momento no estaba para grandes distancias. Los niños eran muy pequeños y mi actividad física había bajado bastante. Empecé de manera prudente, pero poco a poco fui aumentando. Pasé de esas primeras distancias a carreras de diez, once, diecisiete kilómetros y finalmente llegué a completar una de 21 kilómetros con unos 800 metros de desnivel positivo. Para mí aquello fue un salto enorme, porque nunca me había planteado correr una distancia así por montaña.
¿Qué recuerda de esos 21 kilómetros?
Que sufrí bastante y que probablemente fui un poco inconsciente al enfrentarme a aquella distancia. Estuve alrededor de tres horas, y naturalmente hay corredores mucho más rápidos, pero para mí el objetivo era acabar. Y acabé. En una carrera de trail de 21 kilómetros, con desnivel, llega un momento en que ya no importa demasiado compararte con los demás; lo importante es gestionar tu esfuerzo, mantenerte concentrado y seguir. Aquella medalla de finisher tuvo mucho valor para mí porque representaba haber llegado a un territorio que un tiempo antes ni siquiera contemplaba.
En ese reto tuvo además un compañero de viaje.
Eso fue una de las mejores cosas del año. Cuando expliqué el reto a este amigo que me había reintroducido en el trail, decidió sumarse. A partir de marzo empezamos a hacer muchas carreras juntos y acabamos recorriendo Cataluña. Elegíamos pruebas, cuadrábamos calendarios, hablábamos de distancias y nos preguntábamos si nos atrevíamos con una carrera u otra. Tener a alguien al lado cambia mucho la experiencia. El reto era mío, pero compartirlo lo hizo mucho más especial. Hay días en que uno tira del otro, y también está toda la parte previa de decidir dónde vas, organizarte y convertir cada carrera en una pequeña aventura.
Jordi Canes, trail runner: "Cuando corro por la montaña no pongo la mente en blanco: ordeno cajones, pienso en mis hijos, reviso el presente e imagino el futuro"Propias¿Cómo se entrena cuando tiene dos hijos pequeños, trabaja y mantiene además el fútbol?
Sacando tiempo de donde puedes. No había una planificación perfecta ni podía entrenar todos los días. Algunos días madrugaba mucho antes de trabajar, salía con la perra y hacía cinco o siete kilómetros por los alrededores de casa. Intentaba hacerlo un par de veces por semana y además, seguía jugando partidos de fútbol. También empiezas a cuidar más la alimentación. Curiosamente, con los niños en casa hemos incorporado hábitos que también me han beneficiado a mí; por ejemplo, ahora como mucha más fruta que antes. No se trata de vivir como un deportista profesional, porque no lo soy, sino de encontrar un equilibrio que te permita estar físicamente preparado y mantener el reto dentro de una vida normal.
El trail tiene también un componente de riesgo. ¿Cómo lo gestiona?
Hay que ser consciente de dónde estás. Por suerte, nunca he tenido una lesión grave, aunque sí he sufrido molestias, especialmente en los tobillos. En montaña hay descensos muy técnicos, piedras, arena, desniveles y zonas en las que un resbalón puede tener consecuencias serias. Hay circuitos realmente exigentes y no puedes correr pensando que eres un atleta de élite. Una cosa es competir contigo mismo y otra perder el sentido de la prudencia. En determinadas bajadas hay que levantar el pie, mirar dónde pisas y recordar que al día siguiente tienes una vida, un trabajo y una familia.
¿Ha visto de cerca situaciones complicadas?
Sí. Mi compañero participó en una edición de la Olla de Núria en la que hubo una tormenta muy fuerte. Llegó un momento en que hicieron retroceder a muchos participantes. Él cayó durante el descenso y sufrió una contusión en una costilla, y aquello le impidió acompañarme en algunas carreras posteriores. Experiencias así te recuerdan que la montaña merece mucho respeto. El clima puede cambiar, el terreno puede complicarse y la obsesión por terminar una prueba nunca debería estar por encima de la seguridad.
La mente te puede empujar cuando aparece el cansancio, pero hay que saber distinguir entre esfuerzo y dolor
Corredor de montaña
¿En una carrera manda más el cuerpo o la cabeza?
La mente tiene un papel enorme. Muchas veces el cuerpo te dice que pares antes de tiempo y la cabeza te ayuda a continuar, especialmente cuando lo que sientes es cansancio o esfuerzo. Pero tampoco creo en ignorar al cuerpo. Hay una diferencia muy importante entre el esfuerzo y el dolor. Puedes aprender a convivir con el cansancio, superar un momento malo y decirte que puedes seguir un poco más, pero si aparece un dolor serio, debes escuchar esa señal. Para mí se trata de un equilibrio: una mente fuerte ayuda muchísimo, pero también necesitas conocer tus límites.
Ahora, con 37 años, ¿cómo imagina su futuro deportivo?
Me gustaría seguir corriendo todos los años que pueda. El fútbol sí empieza a tener un horizonte más claro, porque llegará un momento en que no podré competir como quiero o el esfuerzo no compensará. En cambio, creo que con el trail estoy entrando en una etapa muy bonita. Ahora quiero entrenar más, mejorar, bajar tiempos y atreverme con algunas distancias superiores. Más adelante seguramente llegará otra manera de vivirlo, quizá con menos intensidad, pero disfrutando igualmente de correr por la montaña. Ves gente con 60, 70 u 80 años que sigue corriendo y eso demuestra que el deporte puede acompañarte durante muchísimo tiempo si sabes adaptarlo a cada etapa.
Jordi Canes es corredor de montaña, bioquímico y padre de gemelosPropias¿Qué ocurre en su cabeza cuando corre por la montaña?
Muchas cosas. Yo no soy de los que ponen la mente en blanco; me pasan muchas películas por la cabeza. Correr me sirve para ordenar cajones. Durante la semana acumulas trabajo, estrés, obligaciones, decisiones, cosas pendientes, y en la montaña aparece un tiempo que es solo tuyo. Ahí puedes repasar cómo han ido las últimas semanas, pensar qué podrías haber hecho mejor, escuchar cómo estás físicamente y también revisar cómo estás por dentro.
¿Piensa mucho en sus hijos?
Sí, muchísimo. Me vienen los niños a la cabeza, pienso en ellos, en cómo estarán, en cómo será el futuro y también en mis propias inquietudes. Corriendo puedes hacer una especie de recapitulación del presente y, al mismo tiempo, proyectarte hacia delante. A veces incluso puedes tomar decisiones. En el día a día vamos muy rápido y no siempre nos damos ese espacio. La montaña, para mí, tiene también esa función.
¿Qué hace cuando llega la parte dura de una carrera?
Entonces cambia la conversación interior. Cuando estás apretado físicamente, necesitas buscar pensamientos positivos, algo que te dé energía y te permita seguir. Ahí la cabeza vuelve a ser fundamental. El trail tiene esa mezcla que me gusta tanto: por un lado, estás pendiente del terreno, del cuerpo y del esfuerzo; por otro, tienes momentos de reflexión muy profunda. Y creo que ahora, con 37 años, estoy en un momento perfecto para disfrutar de todo eso, entrenar, exigirme más y descubrir hasta dónde puedo llegar.
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