- Adrià Rodríguez
Periodista
Actualizado el 05/10/2026 20:42 CEST
Julia Navarro aborda en 'Una familia moderna' la falta de entendimiento entre generaciones a través de Martha, su hija Felicitas y su nieta Penny. Tres mujeres que tienen formas distintas de ver la vida, pero que no están dispuestas a escucharse y, mucho menos, llegar a un entendimiento.
La escritora pone sobre la mesa la mirada de tres generaciones distintas y una crítica a la falta de comunicación, debate y diálogo. Navarro reivindica la discrepancia y la posibilidad de escuchar al otro sin que eso implique cambiar de opinión ni acabar en un enfado. Para conocer más sobre la novela, qué la llevó a escribirla y cómo ve los temas que aborda, Mundo Deportivo ha podido hablar con ella.
'Una familia moderna'Penguin Random HouseP: La lectura de No me gusta mi cuello, de Nora Ephron, fue uno de los puntos de partida de esta novela. ¿Ya tenía la necesidad de escribir sobre la falta de entendimiento entre generaciones?
R: La verdad es que sí. Nora Ephron me llevó a reflexionar sobre la vejez, cómo la afrontamos y lo que significa. Pero ese abismo generacional siempre ha existido: la generación que llega entiende poco a la que está, y la que está entiende todavía menos a la que llega. Quizá ahora todo eso es mucho más agudo, mucho más evidente. Vivimos en la sociedad de la comunicación, una sociedad que, sin embargo, habla poco. Nadie hace el esfuerzo por entender al otro.
P: Tenemos más herramientas que nunca para comunicarnos. ¿Por qué nos cuesta tanto hablar con quienes tenemos cerca?
Porque es una sociedad un poco esquizofrénica. La gente dice: 'A través de las redes tengo amigos en Australia y hablo con ellos a través de una pantalla'. Vale, pero ¿cuánto hablas con las personas que tienes a tu alrededor? A veces estamos hablando con Australia, pero somos incapaces de mirar a las personas que tenemos al lado e intentar, no quiero decir comprenderlas, sino simplemente escucharlas y dialogar con ellas.
Es una sociedad muy incomunicada. Parece que vivimos en la sociedad de la comunicación, pero a mí me parece que es la sociedad de la incomunicación. Una cosa es la tecnología para comunicarnos y otra, si realmente nos comunicamos.
P: Martha, Felicitas y Penny, las tres protagonistas, representan tres generaciones. ¿Todas son igual de responsables de esa falta de diálogo?
Es que no se escuchan. Martha no escucha ni a su hija ni a su nieta y no hace el esfuerzo de intentar comprenderlas. Pero tampoco las otras, ni la hija ni la nieta, la escuchan a ella ni hacen el esfuerzo de entenderla.
La incomunicación siempre es de doble dirección. No sirve decir: 'A mí no me comprenden'. Oiga, ¿y usted comprende al otro? ¿Se ha parado a pensar en el otro y en cuál es su realidad? A veces exigimos a los demás lo que no nos exigimos a nosotros mismos. En esta novela son tres generaciones de mujeres que no se escuchan las unas a las otras. Aquí nadie es más culpable que otro.
Julia NavarroGladys Mª Cuevas / EFEP: ¿Nos falta paciencia para comprender a las personas mayores, que han vivido tantos cambios sociales en las últimas décadas?
Yo creo que no se trata de lo mayor que seas. La incomunicación es intergeneracional. No se trata de: 'A ver si el abuelito me comprende'. En los últimos treinta o cuarenta años han cambiado todos los paradigmas de la sociedad. Estos cambios han sido como un tsunami.
Vivimos en una sociedad que ha inventado la monstruosidad de la cancelación. Todo el que no piensa de determinada manera se expone a que le cancelen. ¿Qué significa eso? Es casi que le condenen a la muerte civil. Me parece absolutamente terrible que se haya impuesto un pensamiento único, que no da margen para la discrepancia ni para tener un pensamiento propio.
Quieren construir una sociedad en la que todos tenemos que pensar y entender lo mismo. Eso nos lleva a esas distopías que describieron Orwell o Huxley en '1984' o 'Un mundo feliz': una sociedad en la que pensar de manera diferente o tener un sentimiento diferente te acarrea la desgracia más absoluta.
Me preocupa la censura en todos los órdenes de la vida y la autocensura por el miedo a ser cancelado, por el miedo a no responder a los cánones de lo que un grupo o unos grupos deciden que es lo correcto pensar.
P: ¿Ese miedo a la censura o a la cancelación le hace preocuparse por cómo recibirán los lectores esta novela?
El lector tiene todo el derecho a opinar lo que quiera sobre la novela. Yo le invito a reflexionar sobre la gente, sobre la identidad y sobre la censura. Luego cada lector es libre de sacar sus propias conclusiones.
No tiene por qué estar de acuerdo. Y no conmigo, porque yo no estoy en la novela, no soy un personaje. Lo que digo es: esto está en la conversación pública. Y yo escribo sobre lo que está en estos momentos en la conversación pública.
P: Martha estuvo en la vanguardia artística y social, pero ahora puede ser vista como una persona intransigente. ¿Esa contradicción es su gran conflicto?
Esa es su tragedia. Ella ha estado en la vanguardia de lo artístico y de la solidaridad, siempre ha estado al lado de las minorías, y de repente se encuentra con que todos los paradigmas han cambiado tan radicalmente que han sido como un tsunami en su vida. No sabe cómo gestionar todos esos cambios.
Pasa a ser mirada y contemplada como si fuera un dinosaurio, y ella se rebela. Porque no entender algo o no entender una realidad no debería ser motivo para que te caigan las siete plagas de Egipto.
Julia NavarroGTRESP: Otro de sus conflictos es el envejecimiento. ¿Detrás de la preocupación por el aspecto físico hay algo más profundo?
No es tanto la belleza. Cuando leí el libro de Nora Ephron pensé: 'Vaya frivolidad, que esta señora, que es una intelectual, se dedique a escribir un libro sobre las arrugas de su cuello'. No la entendía.
Pero fue un libro que me impactó y me hizo pensar mucho. Me pregunté qué le pasaba realmente a Nora Ephron y llegué a una conclusión que nada tenía que ver con las arrugas, sino con la finitud de la vida.
Creo que cuando intentamos poner freno a la vejez estamos intentando poner freno al momento de la muerte, al final de la vida. Parece que, si nos mantenemos eternamente jóvenes, vamos a poder retrasar esa cita ineludible que todos tenemos con la muerte.
No me parece que sea un signo de una sociedad frívola, sino de una sociedad que tiene miedo a la muerte. Antes se vivía la idea de la muerte con resignación y ahora hay una forma de decir: 'No me quiero resignar a la muerte'. Yo siempre lo digo: morirse es una putada.
P: ¿Le costó ponerse en la piel de tres mujeres de generaciones tan distintas?
Me costó mucho meterme en la piel de ellas. Es un libro sobre el que he reflexionado mucho, he escuchado mucho y he intentado acercarme a las opiniones de adolescentes y de personas que tienen distintos tipos de vida y puntos de vista. Para mí no ha sido un libro fácil.
P: ¿Qué le aporta escuchar a personas que tienen una manera de pensar diferente a la suya?
Siento mucha curiosidad por los demás, por lo que piensan y por qué piensan como piensan. Lo que me interesa es escuchar y entender por qué las personas llegan a distintas conclusiones.
Supongo que eso proviene del periodismo. Los periodistas estamos acostumbrados a escuchar cosas muy diferentes de gente muy diferente. Para mí ha sido también una forma de participar en la conversación pública, en los temas que están hoy encima de la mesa en la sociedad.
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