La protesta de La Tri abre un debate incómodo: cómo llegan realmente los futbolistas después de horas de avión, rutinas alteradas y recuperación incompleta
Sebastian Beccacece tras la eliminación frente a México.Actualizado 01/07/2026 - 07:05CESTMostrar comentarios260Nueve horas de viaje para recorrer un trayecto previsto de poco más de tres. La denuncia de Ecuador ha puesto palabras a un problema que muchas selecciones ya estaban gestionando en silencio. En un Mundial repartido entre Estados Unidos, México y Canadá, la competición obliga a las selecciones a convivir con las horas de espera, los vuelos largos y una recuperación que se pierde por el camino.
La fatiga del viaje puede aparecer tras varias horas sentado en un avión, dormir peor, alterar rutinas o acumular estrés físico y mental durante el desplazamiento
Julio Caballero
El combinado dirigido por Beccacece, que sufrió un gran retraso en el desplazamiento hacia Ciudad de México, estalló antes del partido: “Hemos demorado tres horas más de lo que estaba establecido, no sabemos por qué... Un vuelo de tres horas y media, más la hora y 20 de traslado hacia el hotel, terminó siendo un vuelo de nueve horas”, denunció. Y la Federación Ecuatoriana elevó un reclamo formal al considerar que lo sucedido “dista mucho de los principios de juego limpio, equidad y unidad que un Mundial de fútbol debería representar”. La Tri calificó los hechos como “antideportivos” antes de una eliminatoria en la que acabaron cayendo 2-0.
El enemigo invisible del Mundial
La pregunta, más allá de la protesta, es evidente: ¿puede un viaje condicionar un partido? Para Julio Caballero, fisioterapeuta y doctor en Biomedicina y Ciencias de la Salud, la respuesta no admite demasiadas dudas. “A veces, una eliminatoria no solo se juega en el césped, también se decide en el camino entre un partido y el siguiente”, explica a MARCA.
Gol de Gonzalo Plata (2-1) en el Ecuador 2-1 AlemaniaEl cambio respecto a Qatar es enorme. Ahora, el mapa es otro. Las distancias obligan a volar, a alterar rutinas y a convertir la logística en una parte más de la preparación. “Venimos de un Mundial como el de Qatar, donde las selecciones vivían prácticamente en una misma sede. Los desplazamientos eran mínimos y la recuperación estaba mucho más controlada. En Qatar, la distancia entre estadios se medía en minutos y los trayectos eran en autobús; en este Mundial hablamos de horas de vuelo entre partidos decisivos”, explica Caballero, cuya trayectoria combina 7 años de práctica especializada en la Clínica CEMTRO (Madrid) con experiencia clínica internacional en Miami.
El peaje de seguir vivo... y un fenómeno infravalorado
Ese es el punto clave. El viaje ya no es un trámite. En una fase eliminatoria, donde cada partido puede ser el último, cada hora cuenta. Dormir peor, cenar más tarde, llegar con menos margen al hotel o pasar demasiado tiempo sentado no son detalles menores cuando el cuerpo viene de competir al límite y tiene apenas unos días para volver a hacerlo. “La fatiga del viaje puede aparecer tras varias horas sentado en un avión, dormir peor, alterar rutinas o acumular estrés físico y mental durante el desplazamiento”, apunta Caballero. Y añade una idea que ayuda a entender el problema: “Este fenómeno está todavía infravalorado en el deporte de élite y puede afectar al rendimiento incluso cuando no existe cambio horario relevante”.
Julio Caballero, fisioterapeuta y Doctor en Biomedicina y Ciencias de la Salud.No se trata solo de jet lag. No hace falta cruzar medio planeta ni cambiar radicalmente de huso horario para que el cuerpo lo note. El problema también está en las horas sin moverse, en la rigidez muscular y en una recuperación que deja de ser ideal. Viajar durante varias semanas implica pasar muchas horas sentado. Eso reduce la movilidad de las piernas, empeora el retorno venoso y favorece la rigidez muscular. Traducido al fútbol: el cuerpo puede llegar menos preparado para tolerar esfuerzos explosivos, cambios de ritmo, frenadas, saltos o sprints. Justo lo que decide una eliminatoria.
Así se prepara un vuelo mundialista
“El viaje puede actuar como factor de riesgo lesional al disminuir la capacidad neuromuscular y la recuperación muscular previa a la competición”, señala Caballero. No significa que un vuelo rompa a un futbolista. Significa que puede dejarlo en peores condiciones para soportar la carga de un partido de máxima exigencia. Ahí aparece una de las claves del análisis. “El viaje no provoca directamente una lesión, pero sí reduce la capacidad del tejido para tolerar la carga”.
Las lesiones que más preocupan en este contexto son las musculares sin contacto. Especialmente en los isquiosurales, con el bíceps femoral como uno de los músculos más afectados, y en el complejo tríceps sural, formado por gemelos y sóleo. También pueden aparecer problemas en cuádriceps y aductores. Zonas muy castigadas en futbolistas sometidos a esfuerzos de alta intensidad y recuperación incompleta.
Las estrategias de prevención que utilizo con los deportistas se centran en reducir el impacto de la sedestación prolongada y mantener la función de la cadena posterior
Julio Caballero
Por eso los cuerpos médicos trabajan antes, durante y después del vuelo para reducir el impacto de esas horas muertas que, en realidad, no tienen nada de inofensivas. “Las estrategias de prevención que utilizo con los deportistas se centran en reducir el impacto de la sedestación prolongada y mantener la función de la cadena posterior”, explica Caballero a MARCA.
Antes de viajar, se busca activar sin fatigar. Glúteo medio, isquiosurales, musculatura del pie, movilidad de cadera y tobillo. El objetivo no es cargar más al futbolista, sino mantener despierto el sistema neuromuscular. Durante el vuelo, la prioridad es evitar la inmovilidad: cambios posturales, pequeñas contracciones de la pantorrilla, hidratación adecuada y, en algunos casos, prendas de compresión para reducir el edema y la sensación de pesadez en las piernas.
Por eso la queja de Ecuador va más allá de una protesta puntual. Ha abierto una ventana a uno de los grandes problemas de este Mundial: “Hoy el viaje ya no se entiende como un simple desplazamiento, sino como parte de la competición y de la preparación del partido”, resume Caballero.
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