- Ángel Mor
Periodista
Actualizado el 12/10/2026 17:25 CEST
¿Qué hacemos con todo lo que hemos aprendido? ¿Qué merece la pena conservar y qué ha llegado el momento de dejar atrás? ¿Qué significa hoy vivir de una manera más libre? María Guerra y Mariola Cubells conversan sobre estas y otras cuestiones en 'La vida fetén by Señoras y Señoras', el nuevo videopodcast original de SER Podcast, que ha ya ha estrenado su primer episodio.
Desde la experiencia, el humor y la complicidad que las une, las dos periodistas mantienen una conversación cercana sobre algunas de las cuestiones que forman parte de la vida cotidiana: el paso del tiempo, las relaciones, el trabajo, la amistad, la cultura o los cambios sociales, pero también sobre la forma de relacionarnos con los demás.
Un espacio para hablar de todo aquello que, con la experiencia, se empieza a ver de otra manera y para cuestionar certezas, romper con algunos mandatos y reivindicar la libertad de cambiar de opinión, tomar otro camino o decidir qué conservar y qué dejar atrás. En Mundo Deportivo hemos podido hablar con María Guerra de este pódcast y de su trayectoria como periodista de cine.
¿Cómo surge el proyecto 'La vida fetén by Señoras y Señoras' con Prisa?
Mariola y yo nos conocemos desde hace 15 o 16 años, de la redacción de la Cadena SER, donde yo he trabajado durante 25 años. Nos conocemos muy bien y hace unos tres años ella publicó un libro sobre las mujeres nacidas en la década de los 60, nuestra generación. Es una generación que ha vivido muchas primeras veces: la primera con divorcio, con aborto, una de las primeras que fue a la universidad y que va a tener una pensión. Sin embargo, es una generación que no se ha contado a sí misma en el espacio público. Hemos trabajado, hemos estado presentes, pero las películas normalmente hablan de chicas jóvenes.
A partir de ese libro surgió la idea de hacer un podcast. Incluso hicimos un proyecto de diez capítulos, aunque después Mariola empezó a mover el espectáculo a través de Instagram y hemos acabado recorriendo unas 35 ciudades desde 2025. En nuestros espectáculos siempre hacemos la broma de que nuestras compañeras jóvenes, como las de 'Deforme Semanal', tienen podcast y nosotras no. Un día, en el Ateneo, estaban varias responsables de Prisa y Miriam, la directora de audiovisual, nos hizo una propuesta en firme.
El proyecto se llama 'La vida fetén by Señoras y Señoras', como nuestro espectáculo. Son conversaciones sobre la vida desde nuestra edad, pero con una mirada positiva. Eso no significa decir que la vida sea maravillosa. Para llegar a lo fetén también hay que haber atravesado la tristeza, la dureza del trabajo y haber aprendido a decir que no. La vida fetén también hay que decidirla.
María Guerra y Mariola Cubells, en 'La vida fetén'SER PodcastEl proyecto parte de una pregunta muy potente: qué hacemos con todo lo que hemos aprendido. ¿Qué dirías que es lo más importante que has decidido conservar y qué has aprendido a mandar definitivamente a la mierda?
Creo que todo lo que hemos aprendido en la vida nos sirve para ser un poco más libres y para atrevernos a entrar en territorios incómodos. Por ejemplo, aprender a decir: "No, esto a mí no me viene bien". No es esa idea americana de las películas de "sé tú mismo", sino ser capaz de decidir qué no quieres hacer porque no te sienta bien.
Una de las cosas que he aprendido es que en la vida hay que atreverse a estar bien dentro de las posibilidades que tengas. Evidentemente, si te cae una guerra encima no existe ninguna vida fetén. Pero quienes tenemos la suerte de vivir en determinadas circunstancias podemos aprender a elegir. Como con las 'cookies': aceptar o denegar. Pues a veces hay que denegar.
Habláis mucho de liberarse de mandatos, aprender a decir que no y dejar de medir la vida únicamente por el trabajo. ¿Hay algo que a los 30 te parecía imprescindible y que ahora te parece absurdo?
A los 60 hay una cosa importante: sabes que vas a caerle mal a alguien y ya no te importa tanto. Cuando te das cuenta de que a una persona no le caes bien y piensas "pues a mí tampoco me cae bien", eso resulta muy enriquecedor y liberador. Evidentemente, si es tu jefe y necesitas ese trabajo, quizás tengas que callarte, pero muchas veces decimos que sí porque traemos de casa determinados mandatos y dejamos que nos avasallen. A los 30 tenía mucha más presión por gustar. Ahora también he aprendido a valorarme más, y eso tampoco es sencillo. Poder decir "estoy aquí por mis propios méritos" es muy liberador.
He aprendido a valorarme más y esto no es sencillo
¿Qué os gustaría que una mujer de 25 o 30 años pudiera aprender escuchándoos? Y, al mismo tiempo, ¿qué debería aprender vuestra generación de los más jóvenes?
Las generaciones más jóvenes nos han enseñado muchísimo sobre poner límites a la vida profesional. Nosotras hemos trabajado muchísimas horas, hemos pasado la vida en las redacciones y hemos vivido un modelo completamente presencial. Los jóvenes han aprendido a poner límites al trabajo y a ampliar la parte personal de la vida. No vamos a heredar la empresa. Hay que hacer bien nuestro trabajo, salir y continuar con nuestra vida. Y, sobre todo, hacerlo siempre en unas condiciones dignas.
Nuestra generación, especialmente las mujeres, necesitaba trabajar porque eso significaba independencia económica. Para nosotras tener nuestro propio dinero y nuestra propia cuenta corriente era muy importante porque nuestras madres no habían tenido esa independencia.
También hemos aprendido de las generaciones jóvenes esa reivindicación de lo colectivo. A partir del 'Me Too' de 2017 se generó un movimiento feminista transversal, con mujeres jóvenes, mayores, hombres y familias enteras participando. Esa reivindicación colectiva nos la han enseñado mucho las 'millennials'. Aunque también creo que nosotras hemos tenido la suerte de no vivir una vida tan vigilada por Instagram. Yo, por ejemplo, no leo los comentarios y puedo vivir perfectamente sin hacerlo.
Los jóvenes han aprendido a poner límites al trabajo y a ampliar la parte personal de la vida. No vamos a heredar la empresa
Después de tantos años hablando de cine, ¿qué conserva todavía el cine que no ha conseguido sustituir ninguna plataforma, serie o formato audiovisual?
El cine tiene la catedral. Hace poco estuvimos haciendo 'Señoras y Señoras' en un cine de Sevilla donde estaban proyectando 'La bola negra'. Entre un pase y otro hicimos nuestro espectáculo y los trabajadores del cine nos decían que la gente salía abrazándose, llorando y muy emocionada.
Eso lo tiene el cine. Tiene lo colectivo, la posibilidad de ver algo en comunidad y a oscuras. Incluso nos contaban que cuando hay más gente en la sala, la emoción es mayor. El cine nos recuerda que todavía necesitamos estar juntas y juntos de verdad. El podcast es maravilloso y nos sirve para otras cosas, para reflexionar, pero esa experiencia colectiva del cine es distinta.
María Guerra y Mariola Cubells, en 'La vida fetén'SER Podcast¿Te sigue emocionando entrar en una sala de cine?
Claro. De hecho, siempre entro en una sala de cine esperando que me sorprenda. Y sigue pasando. Vi 'La bola negra' en Cannes porque todavía no había copia para verla en España y tuve esa sensación de '¿qué me estás contando?'. Esa sensación de estar abriendo un regalo solo para ti. Ir al cine me hace la misma ilusión que le hacía a la María de 25 años.
¿Cómo estás viendo el camino de ‘La bola negra’ hacia los Oscar?
Creo que, en un mundo en el que el odio lo domina todo, 'La bola negra' es una película de amor. De amor de verdad. Está el amor de Lorca, el amor de dos chicos gays que se han sentido desplazados, el amor frente al rechazo y el derecho a la identidad.
Creo que tiene el enorme mérito de haber conectado la figura del Lorca humano con el presente. Me parece increíble y creo que hay muchísimo talento detrás. Yo creo que sí va a llegar. La candidatura internacional prácticamente la doy por supuesta. Después habrá que ver hasta dónde puede llegar en las demás categorías.
Imagen de 'La bola negra'.Movistar Plus+Viendo el contexto político actual y el auge de determinados discursos, ¿te da miedo que podamos retroceder en derechos?
Sí. Soy muy sensible a las víctimas de las guerras. Siempre me han traumatizado muchísimo cuestiones como el Holocausto o las fosas comunes. Hoy mismo he pasado por el Valle de los Caídos y pensaba en esos miles de hombres jóvenes que murieron durante la Guerra Civil. Eran chavales de 19, 25 o 30 años. ¿Ellos pensaban, cuando decían determinadas cosas en un bar, que acabarían fusilados o en una trinchera?
Cuando yo era pequeña también había violencia política. Había grupos de extrema derecha dando palizas y estaba ETA matando. Por eso pienso: ¿qué hace la gente jugando con el odio? Eso sí me da miedo. La gente de Ucrania tampoco pensaba que acabaría viviendo con miedo a recibir bombas. Y Lorca tampoco pensaría que acabarían fusilándolo. 'La bola negra' te recuerda también ese peligro. Además, es una película hecha desde un lugar muy sentimental en una época muy cínica. Y esta película no es cínica.
María Guerra y Mariola Cubells, en 'La vida fetén'SER PodcastEn una época en la que parece que para destacar hay que tener una opinión muy contundente sobre una película, ¿es cada vez más difícil mantener una crítica matizada?
Yo creo que no hay que renunciar a ello. Hoy mismo he hecho una crítica diciendo que una película me parecía un triste batacazo, pero al mismo tiempo explicaba que tenía cosas muy interesantes. Ortega y Gasset decía que la crítica tiene que completar la obra. No se trata de subirla a los altares ni de hundirla.
¿Una buena crítica debería conseguir que quieras ver una película incluso cuando el crítico dice que no le ha gustado?
Exactamente. Por ejemplo, Iñárritu me parece un director brillantísimo y muy complejo. Puede hacer una película que no sea ni mucho menos su mejor obra y, aun así, contener reflexiones increíbles. Yo intento ver las películas para enriquecerme con ellas. No voy con una ametralladora, ni tampoco con la intención de subirlas a los altares para competir con otros críticos y demostrar quién es más original.
Yo intento ver las películas para enriquecerme con ellas
¿Cuál dirías que es el mayor pecado que puede cometer actualmente un crítico de cine?
Convertirse él mismo en un personaje y juzgar las obras de los cineastas desde la arrogancia. No digo que ocurra con todos, porque hay muchísimos compañeros que hacen muy bien su trabajo, pero creo que la arrogancia nunca es una buena consejera para un crítico.
La arrogancia nunca es una buena consejera para un crítico
Después de décadas entrevistando a actores y directores, ¿notas que las entrevistas promocionales están ahora mucho más controladas y son menos espontáneas?
Sí. Ahora existe una maquinaria que cuando yo empecé no existía. Antes no había un cronómetro descontando el tiempo. Ahora es una factoría, de hecho, casi no hay 'press office', todo es 'publicity office'. El problema es que los periodistas no vamos a comprar películas, vamos a analizarlas. Para conseguir determinadas entrevistas a veces tienes que pasar por ciertos aros y eso me parece mal, porque las películas no son simplemente productos.
El problema es que los periodistas no vamos a comprar películas, vamos a analizarlas
Siempre has defendido que a los cineastas también se les pueden hacer preguntas políticas. ¿Por qué sigue generando incomodidad preguntar a un actor o director por algo que va más allá de su película?
Un artista hace una obra y el arte es político. 'Las Meninas' son políticas porque retratan una monarquía. Que una película la haga un hombre o una mujer también tiene una dimensión política. Dónde colocas la cámara o cómo muestras el cuerpo de una mujer también es política. Creo que lo legítimo es preguntar por la política que contiene la propia película.
Hubo mucha repercusión con tu entrevista a Santiago Segura y se percibieron momentos de cierta tensión. ¿Cómo fue realmente cuando terminó la entrevista?
Creo que Santiago Segura venía a hablar de su película, que es una película política. Y como Santiago es una persona muy inteligente, llegó un poco avasallador. Una cosa es hacer preguntas y otra que alguien plantee sus opiniones como si fueran verdades indiscutibles. Eso coloca al periodista, en mi caso, en una posición un poco delicada, porque en algún momento tienes que decir: "Eso que estás presentando como una verdad, a mí no me lo parece".
Pero Santiago Segura, que yo vi que había también mucha tensión, al final le dije: "Oye, si quieres, quitamos partes incómodas". Y me dijo: "No, quiero que vaya tal cual". Y así fue. Creo que Santiago Segura es un cineasta muy inteligente, pero se encontró con una periodista que tenía la suficiente madurez para decirle que aquello que estaba diciendo era su opinión. Porque llegó un momento en que ya no hablábamos solo de su película, sino de cómo debía gobernarse este país, de cómo debía administrarse el dinero o de inmigración.
Ahí dije: "Esto ya no es tu película, esto es la realidad y yo no estoy de acuerdo contigo". Un periodista también tiene que ser capaz de discernir. Creo que fue una entrevista muy interesante. Y Santiago me dijo algo importante: el valor de aquella conversación estaba precisamente en que no habíamos estado de acuerdo.
Su película era profundamente política. No vamos a decir qué buen actor es Vito Quiles o el pequeño Nicolás. Los pones por lo que los pones. Y era un retrato de España y él la veía de una manera y yo le dije: "Bueno, esto es como tú lo ves". Santiago Segura es avasallador, pero fue educado. Después me dijo: "No, no, esto hay que sacarlo entero o, si quieres, no lo sacamos". Y yo le dije: "Entero". Él es muy transparente.
Santiago Segura, en 'El Hormiguero'Antena 3¿Crees que sigue existiendo ese espectador que dice que no le gusta el cine español como si todo el cine español fuera un único género?
Sí, pero decir que todo el cine español es malo, que es un cliché o que todos son unos subvencionados son afirmaciones muy poco matizadas y poco inteligentes. La vida es compleja. Decir algo así es como afirmar que todos los países son iguales o que todos los griegos bailan 'sirtaki'.
Precisamente lo interesante del arte es la complejidad y la posibilidad de tener nuevas miradas sobre las cosas de siempre. Y decir eso ahora, en un año en el que ha habido tres películas españolas en el Festival de Cannes y en el que cineastas muy populares como los Javis están teniendo repercusión internacional, se desmonta prácticamente solo.
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Adrià RodríguezTanto Mariola como tú habéis hablado mucho de la invisibilidad de las mujeres a partir de determinadas edades. ¿Está empezando realmente el cine a ofrecer mejores personajes a las mujeres de 50 o 60 años?
Al cine le cuesta avanzar igual que le cuesta a la sociedad. Hace poco estuve con una asociación de mujeres de la tecnología y explicaban que, al ritmo actual, la igualdad plena en Occidente tardaría todavía unos 130 años.
Que proyectos como 'Señoras y Señoras' o 'La vida fetén' existan también tiene que ver con que yo tengo determinadas jefas que han decidido que este contenido merece la pena. Posiblemente algunos hombres que han sido jefes míos a lo largo de mi vida no habrían dado esa oportunidad a dos periodistas de 60 años porque directamente no las ven.
Creo que estamos avanzando, aunque cuesta. Uno de los aciertos de 'La vida fetén' es precisamente que nosotras llamamos al pan, pan y al vino, vino. No ocultamos nuestra edad, no ocultamos nuestras arrugas y tampoco ocultamos nuestra ambición. Vamos poco a poco: un paso hacia delante y dos hacia atrás. Pero estamos aquí.
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