
Actualizado el 22/08/2026 12:55 CEST
Ramón Linares tiene 34 años, vive en Sant Hilari Sacalm, Girona, y empezó a correr cuando apenas tenía seis. Después de casi tres décadas vinculado al atletismo, de competir en pruebas de medio fondo, participar en Campeonatos de España absolutos y firmar una marca de 30 minutos y 13 segundos en los 10 kilómetros de Valencia, ha iniciado una nueva etapa como representante y acompañante de jóvenes atletas españoles y kenianos que aspiran a abrirse camino en la élite.
¿Cómo entró el running en tu vida?
Empecé a correr cuando tenía seis años, en buena medida porque el atletismo ya estaba presente en mi entorno familiar, especialmente a través de un primo y un tío que participaban en campeonatos, pruebas de campo a través y otras competiciones, de manera que yo los veía entrenar, los acompañaba y fui incorporando aquel mundo a mi vida con mucha naturalidad. Desde entonces han pasado casi tres décadas y, aunque mi relación con la competición ha ido cambiando, prácticamente nunca he dejado de correr, porque el atletismo no ha sido para mí una afición temporal, sino una parte esencial de mi identidad.
Tras firmar 30:13 en los 10 kilómetros de Valencia, el corredor catalán Ramón Linares encontró una nueva meta: ayudar a otros atletas a convertir su talento en una carrera profesional.Propias¿De qué resultados de tu trayectoria como corredor te sientes más satisfecho?
Uno de los momentos importantes de mi trayectoria fue participar en los Campeonatos de España absolutos de 1.500 metros en 2018 y 2019, porque llegar hasta allí representaba un logro considerable para alguien que nunca pudo dedicarse profesionalmente al atletismo y que siempre tuvo que compaginar los entrenamientos y las competiciones con otras responsabilidades. También recuerdo especialmente los 10 kilómetros de Valencia de 2020, justo antes de la pandemia, donde terminé con un tiempo de 30 minutos y 13 segundos, una marca que me dejó muy cerca de bajar de la barrera de los treinta minutos y que, en aquel momento, tenía un significado especial porque todavía no era tan habitual encontrar tantos atletas capaces de correr a ese nivel.
¿Qué supone correr diez kilómetros en 30 minutos y 13 segundos?
Supone mantener durante toda la carrera un ritmo muy próximo a los tres minutos por kilómetro, sin apenas margen para relajarte, porque cualquier pequeña pérdida de tiempo puede alejarte inmediatamente del objetivo. En mi caso, quedarme a trece segundos de bajar de los treinta minutos fue una mezcla de orgullo y de cierta frustración, porque estaba muy cerca de conseguirlo, pero al mismo tiempo sabía que había alcanzado un nivel importante y que aquella marca resumía muchos años de entrenamientos, disciplina y constancia.
¿Crees que aquella marca tenía entonces un valor diferente al que tendría ahora?
Sí, porque durante los últimos años el running ha crecido muchísimo, han aparecido más carreras rápidas, mejores medios de entrenamiento, zapatillas más avanzadas, mayor acceso a la información y una cantidad superior de atletas capaces de correr a ritmos muy altos. En 2020, sin embargo, bajar o acercarse a los treinta minutos en un 10K todavía no parecía algo tan normalizado, especialmente para corredores que, como yo, no eran profesionales y debían compaginar el deporte con su vida laboral.
Representante, coordinador de viajes, consejero y apoyo emocional, Ramón Linares acompaña a sus corredores mucho más allá de los entrenamientos y las competiciones.Propias¿Qué otras carreras o escenarios recuerdas especialmente?
Siempre me gustó mucho competir en Bélgica, porque allí existe un circuito de mítines de pista muy potente, con muchas pruebas bien organizadas y con posibilidades para que corredores de distintos niveles encuentren una carrera adecuada para intentar mejorar sus marcas. Durante los años en los que competía con mayor intensidad, solíamos viajar una o dos veces cada verano y aquellas experiencias me permitieron conocer otra cultura atlética, entender mejor el funcionamiento de los mítines europeos y comprobar la importancia de encontrar la competición correcta en el momento adecuado de la temporada.
¿Cómo te definirías como atleta?
Siempre fui un corredor más explosivo que resistente, con mayor facilidad para las distancias cortas y de medio fondo, especialmente los 800 y los 1.500 metros, porque tenía un buen cambio de ritmo y me desenvolvía bien en carreras tácticas, donde era necesario interpretar la posición, controlar a los rivales y guardar fuerzas para el tramo final. Las distancias largas me costaban más, aunque con los años conseguí adaptarme y alcanzar una buena marca en 10 kilómetros.
También has trabajado como liebre. ¿Qué te atraía de esa función?
Me gustaba ayudar a que una carrera funcionara y contribuir a que otros corredores pudieran alcanzar sus objetivos, porque nunca me importó colocarme delante, marcar un ritmo concreto o sacrificar mi resultado individual para facilitar el de los demás. Tuve la oportunidad de ejercer como liebre en diferentes ocasiones, incluso en pruebas de nivel nacional, y siempre lo hice con mucha satisfacción, porque comprendía que el atletismo no consiste únicamente en perseguir tu propia marca, sino también en ayudar a construir una carrera en la que otros puedan expresar todo su potencial.
Ramón Linares ha transformado casi tres décadas de experiencia como atleta en un proyecto de representación y acompañamiento de jóvenes corredores españoles y kenianos.Propias¿Aquella función anticipaba de alguna manera tu trabajo actual?
Probablemente sí, porque hacer de liebre ya suponía observar el atletismo desde una perspectiva más colectiva y entender que podías obtener satisfacción ayudando a otra persona a conseguir su objetivo. En aquel momento todavía estaba concentrado en mi propia trayectoria deportiva, pero ya existía en mí esa voluntad de colaborar, de acompañar y de poner mi experiencia al servicio de los demás, algo que después se ha convertido en la base de mi trabajo como representante.
¿Cuándo comenzaste a plantearte que tu futuro podía estar más en la representación que en la competición?
Entre 2023 y 2024 empecé a comprender que me estaba haciendo mayor para continuar compitiendo a un nivel amateur alto o semiprofesional, porque mantener aquella exigencia requería cada vez más esfuerzo y yo sabía que no podría sostenerla indefinidamente. Nunca fui atleta profesional, pero entrenaba y competía con mucha dedicación, de manera que dar un paso al lado no resultaba sencillo; sin embargo, tampoco quería alejarme del atletismo de alto nivel y pensé que toda la experiencia acumulada podía servirme para ayudar a otros corredores a desarrollar su carrera.
¿Qué experiencia podías aportar a esos atletas?
Podía aportar el conocimiento de las competiciones, los entrenamientos, los viajes y las relaciones dentro del mundo atlético, pero también la comprensión de lo que siente un corredor cuando está nervioso, cuando duda de sí mismo, cuando sufre una lesión o cuando no consigue trasladar a la competición todo lo que demuestra entrenando. Haber vivido esas situaciones me permite hablar con ellos desde la experiencia y no únicamente desde una perspectiva administrativa o comercial.
Haber vivido esas situaciones me permite hablar con ellos desde la experiencia
Representante de atletas
¿Cómo nació tu relación con Kenia?
En 2015 me trasladé a Vic por motivos de estudios y trabajo y allí coincidí con varios atletas kenianos que pasaban temporadas en España, entre ellos Josphat Kiprono Menjo y su esposa, Eunice Jepkorir. Construimos una relación personal muy cercana y, con el tiempo, viajé en diferentes ocasiones a Kenia, estuve en su casa, entrené allí y pude conocer desde dentro la realidad de muchos atletas africanos, sus condiciones de vida, sus sistemas de entrenamiento, sus expectativas y las dificultades que encuentran para acceder al circuito europeo.
¿Qué aprendiste durante aquellas estancias?
Aprendí que el talento deportivo, por sí solo, no garantiza que una persona pueda construir una carrera profesional, porque muchos corredores poseen unas condiciones extraordinarias, pero no cuentan con contactos, recursos, conocimientos logísticos o alguien que les explique cómo desplazarse, cómo organizar una temporada o cómo relacionarse con los organizadores. También entendí la enorme presión económica que algunos soportan, porque detrás de sus resultados puede haber una familia o una comunidad que confía en que aquel atleta consiga generar ingresos y mejorar las condiciones de todos.
¿En qué momento esa relación con Kenia se convirtió en un proyecto profesional?
Cuando Menjo comenzó a acercarse también al final de su trayectoria profesional, vimos que los dos podíamos dar un paso al lado sin alejarnos del atletismo y que nuestras experiencias resultaban complementarias. Él conoce profundamente el atletismo keniano, sus atletas y su realidad cotidiana, mientras que yo conozco mejor el funcionamiento de las competiciones, los contactos, los viajes y las posibilidades que existen en Europa, de manera que decidimos poner en marcha un proyecto para identificar talento, acompañarlo y facilitarle oportunidades.
¿El proyecto está centrado únicamente en atletas kenianos?
No, porque también trabajamos con atletas españoles y queremos mantener una visión abierta. Kenia ofrece grandes oportunidades debido a la enorme cantidad de talento existente, pero nuestra prioridad es encontrar corredores que tengan condiciones, voluntad de trabajar y posibilidades reales de progresar, independientemente de su nacionalidad. De hecho, algunos de los atletas jóvenes que acompañamos actualmente han nacido y se han formado aquí.
Ramón Linares, exatleta y representante de atletas catalánPropias¿Qué significa exactamente representar a un atleta?
Significa mucho más que conseguirle una carrera, negociar un contrato o reservarle un billete de avión, porque debes acompañarlo en todo el proceso, orientarlo, ayudarlo a construir un calendario coherente, explicarle cómo funciona el circuito y estar pendiente de su estado físico y mental. En algunos casos, especialmente cuando un corredor keniano viaja por primera vez a Europa, debes enseñarle desde cómo coger un avión hasta cómo moverse por una ciudad, cómo llegar a una competición o cómo administrar sus recursos, de manera que acabas convirtiéndote en representante, coordinador de viajes, consejero y apoyo emocional.
¿Los atletas van adquiriendo autonomía con el tiempo?
Sí, y resulta muy gratificante observar esa evolución, porque al principio pueden necesitar ayuda para prácticamente todo y, después de seis meses o un año, empiezan a comprender el funcionamiento del circuito, a organizarse mejor y a tomar decisiones con mayor seguridad. Paralelamente, también puedes comprobar su progresión deportiva, porque un corredor que inicialmente era desconocido empieza a competir en pequeños mítines, después gana carreras importantes, entra en circuitos internacionales y termina clasificándose para campeonatos de gran nivel.
¿Sientes que puedes cambiar la trayectoria de una persona?
No me gusta atribuirme un mérito que corresponde principalmente al atleta, porque es él quien entrena, compite, se sacrifica y soporta la presión, pero sí es cierto que puedes influir de manera decisiva en su trayectoria al proporcionarle oportunidades, orientación, estabilidad y una estructura que antes no tenía. Cuando alguien confía en ti, sigue una planificación adecuada y al cabo de uno o dos años, comienza a conseguir resultados que parecían muy lejanos; comprendes que ese acompañamiento ha tenido un efecto real.
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David Escamilla¿Cuáles son los principales miedos de los jóvenes corredores?
El miedo más habitual es no ser capaces de demostrar en competición todo lo que valen, porque un atleta puede entrenar extraordinariamente bien, comprobar cada día que tiene talento y, sin embargo, llegar a una carrera importante y no responder debido a la presión, la táctica, los rivales o sus propias dudas. La pregunta que aparece constantemente es si serán capaces de rendir cuando llegue el momento decisivo y de convertir todo el trabajo invisible de los entrenamientos en un resultado concreto.
¿Existe también el miedo al fracaso?
Sí, porque el deporte de alto nivel se construye alrededor de objetivos muy concretos y los resultados son visibles para todo el mundo. Un corredor puede llevar meses trabajando y, en cuestión de minutos, sentir que todo se ha derrumbado porque no ha conseguido la marca esperada, no se ha clasificado o ha tenido una mala carrera. Nuestra tarea consiste también en ayudarlo a comprender que un resultado negativo no invalida todo el proceso y que debe aprender a analizarlo sin destruir su confianza.
En el caso de los atletas africanos, ¿la presión económica es todavía mayor?
En muchos casos sí, porque si no consiguen buenos resultados, premios o contratos, disminuyen los recursos disponibles para financiar sus viajes, sus estancias y su manutención. Además, algunos sienten que su rendimiento no les afecta únicamente a ellos, sino también a sus familias, de manera que compiten con una responsabilidad añadida. No están intentando simplemente mejorar una marca personal, sino mantener viva una oportunidad que puede cambiar su futuro y el de las personas que dependen de ellos.
Ramón Linares acompaña y representa a jóvenes nacionales y kenianos para lograr sus objetivos en atletismoPropias¿Acabas ejerciendo también como psicólogo?
En cierto modo sí, aunque evidentemente no soy psicólogo profesional. Debes escuchar, saber cuándo el atleta necesita hablar, detectar si existe alguna preocupación que está afectando a su rendimiento y ayudarlo a poner las cosas en perspectiva. No puedes limitarte a mandarle un billete de avión y decirle dónde debe competir, porque detrás del corredor existe una persona que puede estar asustada, cansada, lesionada o preocupada por su familia.
Uno de los atletas jóvenes que acompañas es Bakr El Asri. ¿Qué representa su evolución?
Bakr es un atleta muy joven, nacido aquí en una familia de origen marroquí, que hasta hace relativamente poco tiempo todavía jugaba al fútbol y que ha experimentado una progresión extraordinaria en los 3.000 metros obstáculos. Se proclamó campeón de Europa sub-18 y posteriormente consiguió un récord europeo sub-20, de manera que su evolución demuestra hasta qué punto pueden cambiar las cosas cuando coinciden el talento, el trabajo, una buena planificación y la posibilidad de competir en los escenarios adecuados.
¿Cómo viviste aquel récord europeo?
Fue una alegría enorme porque sabíamos que estaba preparado para conseguir una gran marca y quizá esperábamos un récord de España, pero terminó saliendo de la carrera con un récord europeo y con una mejora muy considerable respecto al registro anterior. Cuando sucede algo así, piensas en todos los entrenamientos, los viajes, las dudas y la ilusión que el atleta ha depositado en el proceso, y sientes que todo ese trabajo ha encontrado finalmente una recompensa.
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David Escamilla¿Te produce más satisfacción un resultado así que tus propios éxitos?
Sí, porque competir me gustaba muchísimo y durante muchos años perseguí mis marcas y mis objetivos, pero ver que los atletas a los que acompañas pueden conseguir resultados mayores que los tuyos genera una satisfacción muy especial. No se trata únicamente de una cuestión económica o profesional, sino de sentir que has participado en el crecimiento de una persona, que has estado cerca durante los momentos difíciles y que finalmente puedes compartir con ella una alegría que parecía muy lejana.
¿Cómo se acompaña a un atleta cuando aparece una lesión?
La lesión forma parte del riesgo normal de un deporte de impacto, aunque lo primero debe ser siempre la prevención. Hay que observar el cansancio, las superficies, el clima, la alimentación y todas aquellas variables que pueden controlarse, porque en ocasiones es preferible modificar un entrenamiento o descansar un día que exponerse a un problema que puede dejarte parado durante varias semanas.
¿A veces cuesta convencer a un atleta de que debe descansar?
Sí, porque muchos corredores interpretan el descanso como una pérdida de tiempo y sienten que cualquier entrenamiento que no realizan los aleja de sus objetivos. Sin embargo, también deben aprender que descansar, modificar una sesión o detenerse cuando existe dolor forma parte del entrenamiento inteligente. El cuerpo necesita tiempo para asimilar el trabajo y, en determinadas circunstancias, la decisión más profesional consiste precisamente en no correr.
Letaya, entrenan con otros compañeros en KeniaRAMON LINARES¿Qué ocurre cuando la lesión ya se ha producido?
Entonces hay que ayudar al atleta a mantener la calma, buscar un buen diagnóstico y explicarle que no perderá en unas semanas todo el trabajo que ha construido durante años. Dependiendo del tipo de lesión, puede entrenar en el gimnasio, fortalecer las zonas que no están afectadas, utilizar la bicicleta o la elíptica y conservar una parte importante de su condición física, de manera que cuando vuelva a correr no tendrá que comenzar completamente desde cero.
¿También lo orientas para encontrar médicos y fisioterapeutas?
Sí, porque muchas veces el atleta no sabe a qué profesional acudir, si necesita una ecografía, una resonancia o simplemente unos días de descanso. La experiencia te permite recomendarle un especialista de confianza, ayudarlo a obtener un diagnóstico claro y evitar que pierda semanas probando soluciones equivocadas. A veces merece la pena invertir más dinero desde el principio en una buena valoración para acelerar la recuperación y evitar que el problema se agrave.
Has vivido el crecimiento del running desde una época en la que corría mucha menos gente. ¿Cómo observas el momento actual?
Cuando yo era joven, éramos muchos menos y el que salía a correr podía parecer casi una persona extraña, mientras que ahora el running se ha convertido en una actividad completamente normalizada y visible. Las redes sociales, Instagram y YouTube, han abierto muchísimo el deporte, porque los jóvenes pueden seguir el día a día de sus referentes, ver dónde entrenan, qué comen, cómo descansan y qué ejercicios realizan.
¿Qué información teníais vosotros cuando empezabais?
Teníamos mucha menos información y veíamos a los mejores atletas en alguna competición por televisión, pero no conocíamos todos los detalles de su preparación, sus rutinas o su vida cotidiana. Ahora un corredor de 18 o 20 años puede observar cómo entrena un profesional, conocer sus métodos, contactar con otros atletas y encontrar contenidos específicos sobre cualquier aspecto del rendimiento, algo que hace que el camino resulte mucho más visible.
¿Ese acceso a la información facilita que aparezcan nuevos talentos?
Sí, porque hace que los jóvenes puedan imaginarse con mayor facilidad formando parte de ese mundo. Cuando ven a atletas de edades similares entrenando, compitiendo internacionalmente o consiguiendo contratos, comprenden que el objetivo no es imposible, aunque siga siendo muy difícil. También pueden evitar algunos errores que nosotros cometíamos por falta de información y aprender más rápidamente.
Para Ramón Linares, ver triunfar a los atletas que acompaña genera hoy una satisfacción incluso mayor que la que experimentó persiguiendo sus propias marcas.Propias¿Ha cambiado la cultura del esfuerzo?
Creo que la cultura del esfuerzo siempre ha existido entre quienes realmente querían llegar lejos, porque el atletismo no permite demasiados atajos. Hay que entrenar, descansar, alimentarse bien, cuidarse y renunciar muchas veces a salir de fiesta, acostarse tarde o hacer determinados planes. La diferencia es que ahora los jóvenes pueden comprobar de una manera más clara que todo ese esfuerzo, cuando existe también talento, puede conducir a una carrera profesional.
¿El crecimiento de las marcas y las competiciones ha creado más oportunidades?
Sí, porque actualmente existe un ecosistema mucho mayor, con más carreras, patrocinadores, clubes, medios y marcas interesadas en el running. Eso no significa que resulte fácil vivir del atletismo, porque la competencia también es enorme, pero el camino está más definido y existen más posibilidades de que un atleta encuentre apoyo si demuestra que tiene nivel y capacidad de progresión.
¿Qué buscas cuando decides acompañar a un joven atleta?
Busco talento, pero también capacidad de trabajo, humildad, compromiso y voluntad de escuchar, porque una buena marca aislada no garantiza una trayectoria. Necesitas saber que aquella persona está preparada para entrenar durante años, aceptar momentos difíciles, aprender de los errores y mantener una relación basada en la confianza. El rendimiento es importante, pero también lo es la actitud con la que afronta todo el proceso.
¿Te imaginas muchos años trabajando en la representación de atletas?
Sí, porque no concibo este proyecto como una etapa breve ni como una forma de descubrir jóvenes para sustituirlos inmediatamente por otros. Mi deseo es acompañar a los atletas que empiezan conmigo durante toda su carrera, ver cómo evolucionan desde sus primeras competiciones internacionales hasta que alcanzan la madurez deportiva y, si todo funciona, continuar juntos hasta el momento de la retirada.
Por tanto, no entiendes la representación como una relación esporádica.
No, porque cuando existe confianza, el atleta está contento y ambas partes se entienden, la relación debe consolidarse con el paso de los años. Lo más bonito es poder compartir todo el recorrido, estar presente en las primeras carreras, ayudar durante las lesiones o los malos momentos, celebrar los grandes resultados y construir una relación que vaya mucho más allá de una temporada concreta o de un contrato.
Ramón Linares, derecha, corriendo junto a uno de los atletas que representaPropias¿Cuál es ahora tu principal objetivo dentro del atletismo?
Mi objetivo es seguir desarrollando el proyecto, encontrar atletas con potencial y ofrecerles las herramientas necesarias para construir una carrera sólida, pero sin perder nunca la dimensión humana del acompañamiento. Quiero que los corredores sepan que existe alguien que los escucha, que conoce su realidad y que estará presente tanto cuando ganen como cuando las cosas no salgan bien.
Después de tantos años corriendo, ¿has encontrado otra manera de continuar avanzando?
Sí, porque antes avanzaba intentando mejorar mis propias marcas y ahora avanzo observando cómo progresan los atletas a los que acompaño. He cambiado de posición, pero sigo formando parte del mismo mundo que me atrapó cuando tenía seis años, y he descubierto que ayudar a otra persona a llegar más lejos puede producir una satisfacción incluso mayor que cruzar tú mismo la línea de meta.
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