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“Se sube, muchachos”

“Se sube, muchachos”
Irónicamente, a principios de los años 80 del siglo XX, se había instalado la idea en el mundo de la escalada en roca de que una estatura baja por debajo del 1,70 m. era un hándicap para conseguir según qué logros. Así mismo, de que se necesitaba una extraordinaria fuerza de brazos para poder mantenerse colgado durante largas travesías. Hasta que llegó Lynn Hill (3/1/1961, Detroit, Michigan, EE.UU.). Sus pequeños dedos y su cuerpo menudo (157 cm) fueron su arma secreta que rompió todos los conceptos preestablecidos de la escalada.

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