- JORGE RODRÍGUEZ GASCÓN
Zaragoza
Actualizado el 05/11/2026 14:16 CET
Ander Herrera ha vuelto a Zaragoza. La frase se escribió muchas veces pero se cumplió este verano, tras el descenso del club aragonés a Primera RFEF. A Herrera se le ve feliz e ilusionado, como si cumpliera una promesa pendiente: cierra su carrera en el sitio en el que todo empezó. Parece convencido de ajustarse a dos leyes que son esenciales en el fútbol y en la vida: está en el lugar adecuado y en el momento oportuno.
Ayer fue su media day y dejó frases difíciles de olvidar, un arrebato de ilusión y de entusiasmo. Por la mañana protagonizó la rueda de prensa del Real Zaragoza. Por la tarde intervino en un acto de Mobe Sport Clinic en Ibercaja, en un coloquio sobre las lesiones. Siempre hubo un denominador común: una luz optimista, los ojos de quien no cree en los fantasmas.
El regreso soñado
Ander Herrera vive el cierre de su carrera, el final de un camino exitoso, lleno de laureles. Niño prodigio en Zaragoza, su viaje le llevó a Bilbao, Manchester, París y Buenos Aires. Fue una pieza estratégica en todas sus estaciones, el cerebro de sus equipos.
Situado entre los mejores futbolistas de Aragón, será reconocido con la medalla de oro al mérito deportivo por el Ayuntamiento de Zaragoza. Paradójicamente, es en la ciudad aragonesa donde debe cerrar una brecha. Al libro de su carrera solo le falta la última frase: conseguir una última victoria con el Zaragoza.
En el contexto de su regreso, Ibai Gómez tiene un lugar único. El fútbol les reunió en el Athletic de Bilbao y desde ahí trazaron una relación especial, que hoy sigue vigente desde roles diferentes. Herrera parece el testigo ideal de sus órdenes, un apéndice sobre el césped: “Ibai Gómez tiene algo especial, es distinto”, repitió ayer ante los micrófonos.
El final del camino de Ander Herrera
Ander siempre pareció mucho más que un futbolista y las hipótesis se centran en lo que será después de colgar las botas: “Tengo planes para mi retirada, pero me gusta tanto el fútbol que no quiero pensar en el adiós”, dijo en la tarde de ayer.
La duda del párrafo anterior tiene su miga. Hay quien le ve como un técnico en potencia, otros creen que puede repetir los pasos de su padre en la secretaría técnica y muchos le ubican en una silla más representativa, como presidente o accionista. La respuesta está en el tiempo. Y en una paradoja: solo el fútbol podrá decir lo que será Ander después de ser futbolista.
Mientras tanto, con 37 años, Herrera apura sus últimos días como jugador. Es portavoz en el vestuario, un referente sentimental y un consejero para los jóvenes. En sus primeros encuentros ofreció una imagen global y prometedora. Su regreso, tras una dolencia lumbar, no ha dibujado al mismo futbolista. En duelos de ritmo alto, la edad le ha ganado algunas batallas. Ante esa sospecha, en el club se ensaya una réplica: Ander será una pieza básica en el tramo definitivo de la temporada.
En la previa del Real Zaragoza vs Huesca, Ander Herrera tomó la palabra. El derbi aragonés le devuelve al origen de todo: al punto en el que marcaba sus primeros goles como zaragocista. Consciente de su lugar en la historia, Herrera dejó una frase optimista, que define su forma de mirar las cosas: “Estamos construyendo un Real Zaragoza bonito para el futuro”.
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