Actualizado el 17/09/2026 07:00 CEST
A Vinicius, Mbappé y Konaté les han dado palos por ponerse a medias la camiseta solidaria con Ceuta. La Santa Inquisición del Chiringuito fue la primera en hacerlo. “Konaté porque es musulmán, Mbappé porque tiene a su amigo Achraf, que es marroquí. Y Vinicius tampoco sé por qué”, afirmaba Pedrerol. Como si él repartiera los avales para discrepar.
Una vez más, el análisis burdo y colérico del Chiringuito se basaba en el merenguecentrismo. Es lo que estructura su marco mental. Les molestaba la discrepancia que resquebraja el pensamiento único al que aspiran. Y, sobre todo, les tocaba mucho las narices que el Barça no se viera arrastrado por el mismo problema. Antes de esta polémica tan previsible, el Barça ya no lució la camiseta de apoyo a Ceuta contra el Levante. Y nadie le dio mayor importancia. A Pedrerol le escocía: “¿El Barça qué hará? (…) El Barça, para no dejar mal a Lamine Yamal, no se la va a poner”. La solidaridad con Ceuta le daba igual. Le molestaba que el jugador se librara del conflicto y llegó a afirmar que “Lamine Yamal es marroquí aunque juegue con España”, estableciendo categorías de adhesión a España y decidiendo él quién es extranjero aunque haya nacido en Esplugues de Llobregat. Jota lo negó, aduciendo que el Barça no quería mojarse en asuntos de política española y aquí llegó un momento magistral. Los tertulianos se le echaron encima asegurando, atención, que lo de Ceuta no tenía nada que ver con la política. Una campaña que nace a raíz de una crisis migratoria y en pleno conflicto diplomático del gobierno con Marruecos no es política. ¡Qué va! Lo es. Como también es un acto político ponerse la camiseta de Ceuta, ponérsela a medias, negarse a llevarla u obligar a que todos la luzcan. Presentarlo como algo neutral es cómico. Convirtieron la libertad de un gesto solidario en un acto de lealtad nacional para deslegitimar cualquier discrepancia. Pedrerol, nervioso, lo argumentaba de la manera más torticera posible: “¡Se critica a tres jugadores del Real Madrid y en cambio se aplaude al Barça por hacer lo mismo!” y se reiteraba: “¡El Barça hace lo mismo que Vinicius y Mbappé!”. Su insistencia en transferir el problema al Barça daba risa. Visto el lío, El Chiringuito utilizó a los jugadores como munición para una batalla identitaria y metió al Barça como coartada. Lo que le importaba era castigar a los discrepantes e imponer la camiseta del pensamiento único.
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