Actualizado el 18/09/2026 07:00 CEST
El partido Levante-Athletic se tenía que haber suspendido mucho antes. LaLiga y el equipo arbitral tomaron la decisión solo minutos antes de que dieran las 21.30, la hora de su comienzo, ya con la mayoría de aficionados en las gradas del Ciutat de València y los jugadores habiendo realizado el calentamiento sobre una superficie impracticable.
Lo prioritario y único importante en estos casos es la seguridad de las personas, de todos aquellos que estaban en el campo y después tenían que regresar a sus domicilios en unas malísimas condiciones climatológicas, y también de los jugadores. No se entiende la tardanza en suspender el partido mucho antes aunque la alerta fuera naranja y no llegara a roja. Las previsiones metereológicas para la hora del choque ya eran muy malas.
El president de la Generalitat valenciana y su conseller de Emergencias e Interior afirmaron que la última palabra la tiene LaLiga para suspender un partido. Esto es completamente inexplicable. Una decisión de estas características tiene que estar en las instituciones que velan por la seguridad de las personas por mucho que se trate de un partido competencia de la patronal. El fútbol en estas ocasiones tiene que pasar a un segundo plano.
El encuentro finalmente se jugará el miércoles 21 de octubre. Era la fecha más cercana posible. Cuanto antes mejor para que la clasificación de Primera se ajuste a la realidad. No como el aplazado Levante-Villarreal de la Liga pasada que se jugó dos meses más tarde.
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