Jornada vibrante antes del primer día de descanso que llega este lunes
Etapa vibrante en el Tour.ASO- NACHO LABARGA Ussel
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El calor obligó a recortar el camino, pero no consiguió reducir la locura. Corrèze amaneció bajo una alerta roja, con el asfalto derritiéndose bajo temperaturas cercanas a los 40 grados y el aire convertido en una pared. La organización eliminó 30 kilómetros del recorrido, como quien arranca unas páginas antes de comenzar una novela. El pelotón se encargó después de escribirlas de nuevo.
Porque no hubo tregua entre Malemort y Ussel. Desde que cayó la bandera, la carrera empezó cuesta arriba y sin frenos. Los ataques se sucedieron como golpes en una puerta cerrada. Kirsch, Alaphilippe, Ganna, Pidcock, Van der Poel, Jorgenson, Izagirre… Todos quisieron escapar de aquel horno, aunque la única salida posible era correr todavía más deprisa.
En la primera hora se recorrieron casi 47 kilómetros con 700 metros de desnivel. Una barbaridad. El pelotón se estiró, se rompió y empezó a perder hombres como un ejército exhausto. Los velocistas se descolgaron pronto. La etapa, que algunos habían imaginado como una jornada de transición, adquirió aspecto de clásica salvaje. A falta de cien kilómetros apenas quedaban cuarenta ciclistas en el grupo principal.
Pidcock puso la mecha. Van der Poel añadió la pólvora. Filippo Ganna lanzó una de las ofensivas más serias y alrededor de ellos fue formándose una fuga con nombres demasiado grandes para recibir permiso. Allí estaban Quinn Simmons y Derek Gee-West, las dos cartas adelantadas de Lidl-Trek; Tobias Johannessen, Lennert Van Eetvelt, Alex Baudin, Pablo Castrillo y dos antiguos vencedores en el Tour: Pidcock y Van der Poel.
UAE nunca dejó que se marcharan demasiado. El maillot amarillo de Pogacar viajaba protegido, atento a cualquier movimiento extraño, mientras Grossschartner, Yates y Wellens controlaban una ventaja que apenas superó el minuto. No era persecución ni permiso. Era una cuerda alrededor del cuello de la escapada.
Delante, Pidcock convirtió cada subida en una selección. Pasó primero por el Suc au May y volvió a imponerse en la Côte de la Croix du Pey. El británico pedaleaba como si aquella carretera hubiese sido diseñada a su medida: estrecha, abrasadora, quebrada y difícil de comprender.
Castrillo resistía entre gigantes. El aragonés volvió a elegir el camino del ataque, fiel a esa vocación de cazaetapas que le hizo grande en La Vuelta. No necesitó ganar para hacerse visible. Compartir fuga con Van der Poel y Pidcock ya era una manera de decir que estaba preparado para buscar algo importante. Pero el ritmo terminó devorándolo cuando la batalla entró en sus últimos treinta kilómetros.
La escapada dejó entonces de entenderse. Los relevos desaparecieron, las miradas se endurecieron y cada corredor comenzó a guardar fuerzas para sí mismo. Lidl-Trek tenía hombres delante, hombres detrás y a Mads Pedersen esperando una posible llegada reducida. Netcompany Ineos también se puso a trabajar. El minuto de ventaja empezó a derretirse como el hielo que los auxiliares colocaban en la espalda de los ciclistas.
Gran traca final
En el Mont Bessou, Van der Poel decidió romper el equilibrio. Arrancó con esa violencia que no parece una aceleración, sino un cambio de paisaje. Johannessen logró agarrarse a su rueda. Pidcock trató de responder, pero un problema mecánico en el cambio lo dejó suspendido durante unos segundos entre la rabia y la carretera. Se agachó, peleó con la bicicleta y volvió a lanzarse. Baudin también regresó. A 22 kilómetros de Ussel, cuatro hombres recuperaron la cabeza.
Por detrás, Derek Gee-West y Quinn Simmons renunciaron a su aventura para convertirse en motores de Pedersen. Carlos Verona se sumó al trabajo de Lidl-Trek y Vauquelin empujó por Netcompany Ineos. La ventaja quedó reducida a 45 segundos. Delante viajaban Van der Poel, Pidcock, Johannessen y Baudin. Detrás avanzaba un grupo afilado por el calor, la velocidad y el hambre.
Ussel aguardaba por primera vez al Tour. Sus calles todavía no tenían un héroe, pero ya escuchaban el runrún de los perseguidores. Van der Poel miró hacia atrás. Pidcock se acomodó sobre la bicicleta después de resucitar. Johannessen y Baudin calcularon sus fuerzas. El pelotón apareció en la distancia y, cuando la carretera comenzó a inclinarse hacia la meta. Finalmente fue Van der Poel quien se llevó el triunfo de manera bestial.
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