
- Ángel Rigueira
Redactor Jefe | Polideportivo
Actualizado el 10/07/2026 17:20 CEST
Una semifinal para el recuerdo en Wimbledon. Exhibición de un tenista que se halla en un momento dulce. La importancia de la confianza en el deporte. No vale solo la calidad innata, también interviene ese aspecto mental en ocasiones tan difícil de descifrar. Faltaba romper la barrer, lo hizo en Roland Garros ganando su primer Grand Slam. Con 29 años.
En plenitud, física y psicológica. El talento natural desbordado desde la confianza de que no hay barrera que lo detenga. Destrozó el sueño de un rival, de toda Gran Bretaña. Borró de un plumazo el efecto 'Ferytale', el cuento de hadas 'fairy' que había construido un desconocido Arthur Fery.
Imperó la fuerza de un Alexander Zverev enorme. Quita el número dos mundial a Carlos Alcaraz en el ranking, se pone a tiro del trofeo de Wimbledon, torneo en el que nunca antes había pasado de octavos. Lo tiene más cerca que nunca, aunque sigue lejos porque el siguiente obstáculo es un campeón. Bien el vigente, el italiano Jannik Sinner, o el histórico serbio Novak Djokovic, siete veces ganador.
Alexander Zverev atenazó a Arthur Fery, 23 años y nº 114, por 7-6 (0), 6-2 y 6-4 en 2h.14'. El castigo pudo haber sido mayor de haber aguantado Sascha un 3-1 en el primer set, de no haber jugado en casa el británico, arropado por 15.000 aficionados que se rindieron a la evidencia de la superioridad del teutón.
Fery fue comparado por sus entrenadores con el japonés Kei Nishikori. Bajo para los cánones actuales desde su 1.75 de estatura, en contraste con el 1.98 de Zverev, pero con mucha mano, descaro y variedad. Hizo una presentación sorprendente para un invitado de la organización, que casi sigue el camino del croata Goran Ivanisevic, el único campeón que entró con 'wild card' en el cuadro, en la edición de 2001.
El nacido francés, de donde es su familia, paterna y materna, se crio a cinco minutos de Wimbledon y se decidió por la Union Jack como bandera para competir. Ascenderá al puesto 36 mundial. Una hazaña que chocó con la realidad de un Zverev descomunal.
El británico Arhur Fery y el alemán Alexander ZverevNEIL HALL / EFEEl teutón está explotando un saque y revés letales, pero la mejor señal de su estado dulce de forma es que su derecha vuela sin fallos relevantes, cuando era su debilidad, el primer golpe que se atrancaba. Ahora fluye todo su tenis, colocándose además en la línea, cuando tenía tendencia a echarse para atrás al sentir incómodo en la hierba.
Ahora vuela en todos los territorios. Viaja ligero de equipo, sin el lastre de eterno candidato a Grand Slam. Es y se siente grande, también en césped. Ha ganado dieciséis de sus diecisiete últimos partidos. Es decimotercer profesional que completa un Grand Slam de finales. Disputará su quinta personal.
Arthur Fery, despidiéndose de Wimbledon, aplaudido también por SinnerCameron Spencer / GettyEl quinto alemán que alcanza el día definitivo por el título en el All England Club. Tras los campeones Boris Becker (1985, 1986 y 1989) y Michael Stich (1991), los finalistas Gottfried Von Cramm y Wiehelm Bungert, en los años 30 del Siglo XX.
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Ángel RigueiraAlexander Zverev tenía un oro olímpico, las ATP Finals, 25 títulos profesionales en 42 finales. Pesaban más sus derrotas en las finales del US Open 2020 (Dominic Thiem), Roland Garros 2024 (Carlos Alcaraz) y Open de Australia 2025 (Jannik Sinner). En París rompió la gran muralla. Se ha transformado, ni la hierba le ha frenado. Desinhibido. Ha despertado la bestia que no se atrevía a salir en los instantes clave.
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