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Nunca vi llorando tanto a Lionel

Nunca vi llorando tanto a Lionel
Nunca vi llorando tanto a Lionel

Actualizado el 07/07/2026 20:53 CEST

El mejor futbolista de todos los tiempos lloraba como un niño. Secaba sus lágrimas con la camiseta, miraba a la grada y levantando los brazos lloraba desconsolado. Lloraba sin ocultar esas lágrimas de emoción, de tensión, de locura. Lloraba y se abrazaba a sus compañeros porque necesitaba más el abrazo que si hubiera quedado eliminado.

Lloraba Leo recorriendo el terreno de juego perdido, buscando la forma de quitarse de encima toda esa tensión de un final de partido de infarto. Estaba fuera del Mundial Argentina y él lo había rescatado, una vez más, poniéndose a todo el país a la espalda. Había jugado también con el peso de otro penalti errado, el segundo consecutivo en este Mundial. Ha fallado, si se puede emplear ese término asociado al nombre de Messi, cuatro de los ocho penaltis que ha chutado en los Mundiales. Ha errado 34 penaltis en su carrera. Quizá sea el único punto débil de Leo Messi. Todo lo demás son récords positivos.

Suma un nuevo gol a su cuenta particular. Lleva 8 en este Mundial, 21 goles en los Mundiales. Celebró el octavo gol de la Copa del Mundo corriendo al córner, abriendo sus brazos, volando hacia la victoria.

Leo Messi nunca lloró tanto en un terreno de juego, ni cuando fue campeón del mundo en Qatar y celebraba por fin su primera estrella. Nunca lloró tanto el mejor del mundo.

Sí, lo vimos llorar otras veces, cuando al inicio de su carrera con la albiceleste no le querían. Lo vimos llorar, si, cuando dejó el Barça y él no quería. Lo vimos llorar cuando una niña argentina en un hospital de Houston le dijo que era una inspiración. Y esa niña no pudo recibir su camiseta porque su vida se acabó.

Sí, le habíamos visto llorar pero nunca como en el césped de Atlanta. Sin camiseta buscaba a su familia en la grada. Seguro que habría querido que su padre Jorge estuviera allí para ver esa remontada de corazón.

Para secarle las lágrimas mantearon al crack sus compañeros, lo elevaron del suelo flotando, para que convirtiera las lágrimas en felicidad, para que olvidase la tensión y se dedicara a festejar con la inconsciencia de los que sólo daban saltos de alegría. Se siente tan responsable Leo Messi de este grupo que es el que más sufre.

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La cábala de la selección había funcionado, ese asado que muestra que por encima de todo tienen un buen grupo. Enzo Fernández se llevaba a casa el gol de la victoria, pero el que emocionó de verdad fue Messi con su fútbol y con sus lágrimas. Un gol que sirve para premiar a Scaloni que había acertado con los cambios, un técnico con los pies en el suelo, que cada día en el banquillo celebra la suerte que tiene por dirigir al mejor.

Al otro lado, el adiós de Mo Salah, un futbolista que ha regalado a este deporte muchísimo fútbol y que durante muchos minutos creyó que podía eliminar a Argentina en su último Mundial. Deja Egipto la Copa del Mundo con un partidazo no exento de polémica por el gol anulado por el VAR a Ziko por una falta previa y que en el gol de la remontada de Argentina no vio una falta de Mac Allister. Deja el Mundial Egipto como Cabo Verde, dos selecciones que hicieron sufrir a Argentina hasta el final. Dos selecciones que dejan al mundo un mensaje de que África está ahí, para hacer llorar a Messi, de alegría pero también de tensión. El fútbol es un reflejo de la sociedad: nadie sufre como Argentina.

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